Imatge
vivienda

vivienda

Categoría definitiva
Diagnóstico

La Barcelona asediada

Subtítulo
«vamos hacia el desastre, un desastre anunciado: que no podamos vivir en la ciudad»
Cos

Desde los inicios de la democracia, Barcelona hizo una gran apuesta por la mejora del espacio público como un instrumento de democratización. Esta apuesta, que convertiría una ciudad industrial, sucia, decadente e invadida por los coches en un lugar agradable, atractivo y deseado, fue el meollo del «modelo Barcelona», que acabaría recibiendo reconocimiento internacional. No obstante, este modelo urbano consistió a destinar al espacio público muchos de los recursos que otras ciudades destinaban a vivienda pública. Con el tiempo, esta desproporción tendría graves consecuencias para los barceloneses. Por un lado, la ciudad renovada acontecería repentinamente una de los primeros destinos turísticos a nivel europeo. Hoy, después de años de masificación turística, la desprotección del parque de viviendas ante usos no residenciales ha provocado que, en los barrios más céntricos, muchas fincas se hayan convertido en hoteles y gran cantidad de apartamentos hayan acontecido alojamientos turísticos. Por otro lado, los atractivos de Barcelona también la han situado entre las ciudades que reciben más inversiones especulativas a nivel global. Cada vez más, las propiedades inmobiliarias de la ciudad son percibidas por el capital volátil como cobijos materiales con valor seguro y siempre creciente. Esto explica que, en 2015, el 40% de las compraventas de viviendas que tuvieron lugar en la ciudad tuvieran compradores extranjeros y fueran al contado.

Tanto la presión de la industria turística como la del mercado inmobiliario internacional reducen la oferta de viviendas de alquiler y provocan el aumento de los precios. Esto hace que cada vez sea más difícil para más barceloneses acceder a una vivienda asequible. Pero la situación no amenaza sólo el derecho a la vivienda; también está en juego el derecho a la ciudad y la posibilidad de disfrutar de una mejora urbana que se emprendió con ánimo redistributivo y con el esfuerzo colectivo. En una ciudad con un valor de cambio tan atractivo pero tan poco capaz de proteger el valor de uso residencial de sus viviendas, la gentrificació hace estragos a los barrios céntricos, expulsando capas cada vez más amplias de la población con menos poder adquisitivo. La situación es bastante alarmante cómo para que el propio Javier Burón, gerente de la Concejalía de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona, haya declarado recientemente a la prensa que «vamos hacia el desastre, un desastre anunciado: que no podamos vivir en la ciudad». A escala metropolitana, el fenómeno tiene un efecto centrifugador que obliga a los desplazados a alejarse hacia periferias dispersas donde dependen más del vehículo privado. Esto causa otra emergencia para Barcelona: el gran número de vehículos que entran cada día y que genera niveles mortales de contaminación.

Rent prices. Image from La Vanguardia

Rent prices. Image from La Vanguardia